8 maneras de ser amable contigo durante un tratamiento médico-nutricional
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Es común que seamos duros con nosotros mismos cuando empezamos un nuevo tratamiento ya que ponemos altas expectativas y esperamos que se sigan a la perfección, en muchos casos, suceden cosas fuera de nuestro control que requieren de paciencia y amabilidad con nosotros y nuestros procesos internos, por ello, hoy te quiero compartir algunas maneras en las que puedes tener un proceso amable contigo que respete tu ritmo y progreso.
1. Reconoce avances más allá del peso
El bienestar es más importante que cualquier número.
El peso que marque la báscula no te dice mucha información sobre tu proceso real.
Ejemplos:
Ha mejorado la calidad de mi sueño.
Me siento con más energía.
Me siento menos irritable.
Mayor claridad mental.
Mi digestión ha mejorado.
El dolor ha disminuido.
Estoy aprendiendo a cocinar platillos saludables.
2. Adáptalo a lo que SÍ puedes hacer hoy
La adherencia a un tratamiento puede variar por factores externos que no controlamos, y eso también es válido. No tienes que hacerlo perfecto para que cuente; soltar el “todo o nada” también es parte del proceso.
Sé amable contigo, la autoexigencia a veces puede impedirte avanzar aunque creas lo contrario.
Ejemplo:
En lugar de pensar ‘ya fallé’, y sentir culpa, pregúntate: ¿qué sí puedo hacer hoy de todo esto?
3. Revisa el contenido que consumes en redes sociales
En redes sociales hay cuentas que recomiendan formas de “mejorar la salud” o “bajar de peso” que no siempre son realistas ni están basadas en evidencia.
Este tipo de contenido puede resultar abrumador o confuso cuando estás en tratamiento; si te pasa, es válido tomar distancia y priorizar la información de tu equipo multidisciplinario.
4. Evita compararte con los demás
Cada quien tiene una historia distinta, un ritmo propio y un estilo de vida diferente.
Comparar tu proceso con el de alguien más puede causarte frustración, más estrés y hacerte sentir que “vas mal”, incluso cuando sí estás avanzando.
Enfócate en tu proceso y en tu contexto: no tiene que parecerse al de nadie más.
5. Observa tu relación con la comida sin juzgarte
Nota qué pasa cuando comes, qué sientes antes y después, qué buscas en la comida… sin etiquetarlo como “bien” o “mal”. Observar con curiosidad para conocerte más en lugar de con crítica, ayuda a entender qué necesitas.
Ejemplo:
En vez de esta narrativa:
“Comí muy mal, no tengo fuerza de voluntad.”
Proponer:
“Anoche llegué muy cansad@, cené rápido y sin tanta hambre, pero necesitaba relajarme.”
6. Mantén rutinas que te hagan bien
Pequeñas rutinas que disfrutes, como leer, caminar con alguien que quieres, escuchar música, dedicar tiempo a un pasatiempo o descansar sin culpa, pueden sostenerte y hacer el proceso más llevadero y significativo.
7. Celebra decisiones de autocuidado
En un tratamiento es común pasar por alto las cosas que sí estás haciendo para cuidarte.
Darte un momento para reconocer esas decisiones puede hacer la diferencia.
Ejemplos:
Tomas pausas durante el día.
Te permites disfrutar algo que te gusta comer, sin etiquetarlo como “malo”.
Cambias la meta de “hacer todo perfecto” por “hacer lo que hoy es posible”.
Reconoces que puede haber días difíciles y decides no hablarte mal por ello.
Tomas agua durante el día, aunque no alcances la “cantidad ideal”.
Preparas un refrigerio para no pasar tantas horas sin comer.
etc, etc, etc,... muchos ejemplos de como ser compasiv@ con uno mism@....
8. Háblate con respeto
A veces me sorprende darme cuenta de que necesitamos aprender a hablarnos con amabilidad.
Para muchas personas (me incluyo), el diálogo interno respetuoso no fue algo que se modelara en casa, en la escuela o en los mensajes que recibimos sobre el cuerpo y la salud.
Por eso, si hoy tu voz interna es dura y crítica, no significa que “estés mal”, sino que estás repitiendo formas de hablarte que aprendiste en otros contextos.
La buena noticia es que también se puede construir un lenguaje interno más respetuoso, paciente y amable.
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Hemos llegado al final de este blog, espero que te sirvan estas estrategias, hay que tratarnos con amor y amabilidad.
¡Gracias por leerme!
-Emiliana :)

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